martes, 21 de agosto de 2012

VIOLENCIA PATRIMONIAL

Foto cedida por J.Rainbow


Violencia patrimonial es cualquier acción u omisión ilegítima que implique daño, pérdida, transformación, sustracción, destrucción, distracción, ocultamiento o retención de bienes, instrumentos de trabajo, documentos o recursos económicos con el objetivo de coaccionar la autodeterminación de la víctima.

Ejemplos de violencia patrimonial:

- Un hombre va al médico y le dice que cree que está perdiendo la cabeza: Soy abogado y tengo mucho trabajo, los fines de semana dedico tiempo en casa para preparar algunos casos, no se que me pasa pero muchas veces no encuentro mis papeles, no se donde los he dejado y después de repente aparecen sobre la mesa. Doctor creo que estoy perdiendo la memoria, recéteme algo por favor...
Esta persona no sabe que está siendo víctima de violencia patrimonial: Su mujer, harta de verle trabajar todos los fines de semana, decide esconderle algunos documentos para que deje el trabajo y le hago caso solo a ella, el marido después de buscar y buscar se pone de mal humor y se desquizia, la mujer viendo que no consigue nada le devuelve los documentos sin que él se entere.

Parece un caso irreal pero sucede con mucha frecuencia.

- Una pareja decide comprarse una vivienda y uno de los dos determina que la pondrá solo a su nombre obligando al otro a aceptar, aunque los dos aportan dinero para el pago de la misma.
Nadie tiene derecho a dejar sin hogar a otra persona.

- Un miembro de la pareja administra el dinero conyugal y controla lo que gasta el otro en todo momento, incluso le pide recibos y facturas de lo que está gastando. Le da cierto dinero y le dice: Toma, compra la comida para esta semana, no gastes mucho y lo que sobre te lo daré para tí. No vayas a comprarte ningún capricho...

También se da este tipo de violencia cuando se intenta o se logra despojar a familiares (generalmente ancianos), de sus pensiones o demás ingresos o dinero de su propiedad, aprovechando su vejez o enfermedad. A veces utilizan artimañas para que los ancianos les dejen en testamento sus bienes.

Esta violencia causa problemas psicológicos graves al verse engañados y controlados economicamente.

Todas estas acciones y similares se consideran Violencia Patrimonial y están penadas por la ley, por lo tanto son denunciables tanto por la victima como por las personas que son testigos de ella.

 Próxima entrada: Esquizofrenia (Alucinaciones y violencia)


martes, 14 de agosto de 2012

ENTREVISTA A ELENA MARTÍNEZ HERRERA (Educadora Social)



Curso de Prevención de Violencia Intrafamiliar, UNED

 


                                                                     
Elena Martínez Herrera, Educadora del Equipo de Intervención Familiar del Centro Territorial de Servicios Sociales de Torrelavega (Cantabria).



¿Qué te llevó a ser Educadora social?
Una inquietud adolescente. Comencé a realizar distintos voluntariados, tengo el recuerdo de que con el sentimiento de orgullo de dedicar mi tiempo a aquello de “ayudar a los demás”, cosa que me hacía sentir bien. Con ello, descubrí otras realidades, me puse en contacto con otros colectivos más allá de las paredes de mi acomodada casa y escuela. Aquellos niños/as y familias me enseñaron mucho, aprendía cada día, maduraba un poco más  con cada experiencia.

Es entonces cuando comencé a plantearme seriamente que me quería dedicar a ello, pero con 17 años no estaba evidentemente preparada. Comencé a buscar, ni siquiera sabía que existía la Diplomatura en Educación Social, por lo que comencé cursando el Ciclo Formativo de Animación Sociocultural, lo más parecido a lo que yo quería en aquel momento. Compaginando los estudios con el voluntariado, di el salto a la carrera y tras esta, a la Licenciatura en Psicopedagogía, en una búsqueda por completar una formación de índole más psicológica. No fue un camino fácil, mi familia no entendía mi inquietud… en aquel momento, era una carrera muy desconocida aún y quizá un tanto incomprendida… ¿lo sigue siendo?...
 
¿Cuánto tiempo llevas trabajando en casos de menores violentos? ¿Te encuentras muy a menudo con este tipo de casos?
Con menores con conductas violentas he tomado contacto desde los inicios de mi andadura. Con mis primeros acercamientos con jóvenes en situación de riesgo de exclusión social, ya pude conocer a chicos y chicas con altos niveles de agresividad. Sin embargo, estas conductas estaban más dirigidas hacia otros jóvenes, dentro del grupo de iguales o a través de comportamientos delictivos. El trabajo directo con menores con conductas de maltrato hacia sus padres, lo comienzo hace aproximadamente cinco años, a través de mi trabajo en Servicios Sociales de Atención Especializada.
 
¿Qué pasos han de seguir las familias que se encuentran en esta situación? ¿Adónde tienen que acudir?
Opino que el primer paso es asumir la situación y hacer frente al sentimiento de vergüenza o culpa. Hay reticencias a la hora de visibilizar que se está viviendo una situación de violencia en el hogar, de evidenciar que tus hijos/as no te  respetan como padre o como madre, que la situación “se te ha ido de las manos”. La mayoría de las familias tienen un alto sentimiento de fracaso como padres o madres, como principales cuidadores y educadores de sus hijos y se ponen muchas barreras a la hora solicitar ayuda. Sin embargo, ante una situación de violencia en el hogar, una vez se han tratado de poner los medios en casa, o se ha pedido ayuda a familiares y amigos sin éxito, lo más conveniente es solicitar ayuda profesional y acercarse a los Servicios Sociales de Atención Primaria (S.S.A.P) que correspondan y explicar la situación. Desde aquí, se pondrán los medios y recursos necesarios, o se derivará al servicio más adecuado para ayudar a estas familias a afrontar su situación y promover soluciones.
 
¿Es muy complicado cambiar la actitud de estos menores? 
¿Es muy complicado cambiar la actitud de estos padres?.... Cuando una familia llega al Servicio de Atención a la infancia, Adolescencia y Familia, la dinámica familiar en cuanto a la conducta violenta se encuentra ya en un estado muy avanzado, dañado y complejo. Es habitual que pasen meses e incluso años hasta que los padres y madres  deciden buscar ayuda, muchas veces a través de la denuncia o delegación de guarda, por lo que la espiral de la violencia está llegando a sus límites. Cuando un menor llega a agredir a sus padres, no lo hace de un día para otro, forma parte de un proceso educativo que comienza desde que nace, parte de las pautas de crianza más básicas y en el que confluyen factores personales, familiares y sociales. Es por ello que la intervención con estos chicos/as no podemos entenderla desde la individualidad, si bien cada familia tiene sus características y necesidades particulares, es importante entender su abordaje desde la una perspectiva circular, ecológica y sistémica. Apuntar que nosotros, como profesionales, no cambiamos nada. Tan sólo podemos intervenir para acompañar al menor en el proceso de cambio de la conducta violenta entendiendo que toda conducta es aprendida y que, por lo tanto, se puede modificar.

¿Qué les aconsejarías a los padres que se encuentran en esta situación? 
Como te comentaba anteriormente, mi recomendación es buscar ayuda, asumir que se está viviendo una situación difícilmente abordable por sí mismos, superar el sentimiento de culpa (no se trata de hablar de culpabilidad, sino de responsabilidad de todas las partes implicadas) y visibilizar la situación. No hay nada de qué avergonzarse.  
 
¿Crees que estos menores padecen un síndrome? ¿qué enfoque le das tú?
Definir o no como “síndrome” es una cuestión de índole personal. Bajo mi punto de vista, en función de mi experiencia como educadora, no puedo “etiquetar” a un chico/a bajo este concepto, pues en cierta manera parece que subyace cierta culpa sobre el propio menor. Insisto en la confluencia de factores personales, familiares y sociales. Nos encontramos con chicos y chicas que disponen de todo tipo de privilegios de índole material, independientemente incluso, de la situación económica familiar: televisión en la habitación, play station 1, 2 y 3, móvil de última generación con conexión a Internet etc. Los padres y las madres se sorprenden del comportamiento de sus hijos/as bajo el ideas arraigadas como “pero si le hemos dado todo, nos matamos a trabajar para que no le falte de nada ¿cómo nos lo paga así?”. El planteamiento inicial que hago a estas familias es “¿qué es darlo todo?”. Opino que hay un concepto erróneo y socialmente admitido por parte de los padres en cuanto a que educar y cubrir las necesidades básicas de sus hijos/as es ofrecerles todo tipo de privilegio material. Sin embargo, cuando trabajas con estos chicos/as, es fácil intuir las carencias de índole afectiva, emocional y apego que tienen hacia sus padres. Que un chico de 15 años dude de que sus padres lo quieren, es bajo mi opinión, grave.

Explícanos una anécdota...
¿Anécdotas?...Me resulta muy difícil elegir una… Sin embargo, me viene a la cabeza una situación de alto contenido emocional…Al hilo de lo anterior, podría resaltar el momento en que un adolescente, con medida judicial de convivencia en grupo tras la denuncia de su madre por agresión, con conductas altamente violentas hacia su madre, tanto verbal como físicamente, con inicialmente rechazo a cualquier tipo de intervención con él y su familia… se sienta tras un periodo de trabajo y tras meses sin hablar con su madre en la misma mesa y cuando ella  lo roza con suma suavidad la mano y le dice que lo quiere y que lo echa de menos… rompe a llorar desconsoladamente y la abraza…. Actualmente, él es ya mayor de edad, conviven juntos y de vez en cuando se pasan a verme y contarme lo bien que van las cosas. Sólo por eso, merece la pena levantarse cada día, ponerse la mochila y continuar trabajando con la ilusión del primer día.

Por último, ¿qué les dirías a las personas que se están planteando estudiar Educación Social o están estudiando la carrera?
Que crean en lo que hacen. En mi opinión, una carrera es como el pistoletazo de salida hacia el verdadero aprendizaje, los estudios te preparan, te dotan de recursos y competencias para comenzar a llenar tú “mochila” profesional. A partir de que dejas las aulas, tienes que aprovechar al máximo lo que has aprendido (tan solo un pequeño bolsillo de tú mochila) con las habilidades suficientes para trasladarlo al mundo real, y tener bien claro o ser lo suficientemente flexible para saber que el campo de lo social no es una ciencia exacta, es un ámbito de cambio en el que creces día a día, con muchas satisfacciones pero también con muchas piedras en el camino. Pero tanto una cosa como la otra, te ayudan a crecer personal y profesionalmente. Lo importante: creer en lo que haces y en las personas con las que trabajas, desde el optimismo y la motivación.


Quieres añadir algo más...
Tan solo… no dejar de creer nunca en la capacidad de cambio de las personas. A mí, me sorprenden cada día.



Próxima entrada: Violencia patrimonial.

 

miércoles, 1 de agosto de 2012

HIJOS VIOLENTOS



                                                                                        Foto cedida por J.Rainbow


Los hijos violentos con sus padres son personas temperamentalmente vulnerables o predispuestas a la tiranía, que son educados por padres que no pueden enfrentarse a la exigencia de una socialización tan difícil como la que ellos plantean (lo que es diferente a decir que la negligencia de los padres causa esa violencia).(D.Vicente Garrido Genovés, profesor de la Universidad de Valencia, criminólogo y psicólogo)




Perfil de estos menores:

- Egocéntricos
- Irresponsables.
- Escaso temor al castigo.
- No comprenden las explicaciones o razonamientos que se les da para justificar los castigos que se les imponen.
- No muestran dolor emocional. Parece que les cuesta mucho entender el sufrimiento que causan en los demás.
- Utilizan la violencia psicológica o física en sus casas para realizar sus propósitos.
- No tienen interés por los estudios. Para ellos el futuro es algo inexistente.
- Estan pendientes de hacer lo que desean en todo momento.
- En las chicas puede destacarse de modo extremo la promiscuidad sexual.

El menor no ha desarrollado la consciencia (principios morales que incluyen el sentimiento de culpa), como consecuencia de una empatía muy limitada y unas creencias distorsionadas acerca de la relación padres-hijos. Tienen unas creencias firmes sobre la escasa legitimidad que sus padres tienen para imponerles normas y los posibles castigos en caso de que quebranten aquellas. 
El resultado de todo eso es una gran ira que se canaliza en forma de insultos, actos de vejación y conducta agresiva hacia los padres.

Muchos padecen también trastornos de conducta, como el TDAH (Déficit de atención con hiperactividad), TND (trastorno negativista-desafiante), TD (trastorno disocial).


Existen 6 niveles de agresión:


Nivel 1: Los menores en este nivel se sienten enrabietados cuando se les confronta o corrige. Intentan dar pena, que sus padres le digan "pobrecito" cuando ellos se quejan amargamente de lo que tienen que hacer (estudiar, arreglar el cuarto, volver a una hora determinada a casa, etc.).

Nivel 2: Los menores insultan a sus padres, les gritan y/o les acusan de no tratarles bien. Los padres pueden sentirse intimidados y temer quizás una agresión por su parte, pero en realidad están lejos de llegar a esto. No hay amenazas directas.

Nivel 3: Los menores emplean amenazas directas ("Te voy a romper la cara") a los padres, los hermanos o incluso a las mascotas de la familia. Sin embargo, nunca las han llevado a cabo. Del mismo modo, si bien ha podido dañar algunos objetos que ha arrojado, estos no son de gran valor, porque sabe que actuar así le pondrá en serios aprietos. El menor todavía tiene el control de la situación: está pensando sobre lo que implica cada acción que realiza. Los padres deben aprender a apreciar ese control, y no dejarse impresionar por el contenido de la amenaza: "Cuando estés durmiendo entraré y te mataré".

Nivel 4: Los menores dañan los objetos y muebles, o bien dan patadas a las paredes y hacen agujeros. También se incluyen los gestos claros de amenaza de violencia (como coger un martillo y decir "te voy a romper la cabeza"). Sin embargo, lo relevante es que el menor no agrede de hecho a nadie: rompe cosas o amenaza de forma gráfica, pero no la lleva a la acción.

Nivel 5: En este nivel la violencia se lleva a la práctica: se arrojan objetos a las personas, o estas mismas resultan empujadas o retenidas contra su voluntad. Sin embargo, el daño sufrido es mínimo (rozaduras, algún hematoma no muy grande...) y cuando este es grave no es intencionado (por ejemplo, el menor empuja a la madre, esta pierde el equilibrio y cae en mala postura, lesionándose de gravedad). En este nivel podemos tener dudas sobre la capacidad de control que tiene el joven, no en el sentido de que no pueda hacerlo, sino en el sentido de que ha aprendido a perderlo con facilidad en determinadas situaciones de frustración.

Nivel 6: La agresión es directa e intencionada; el menor quiere hacer daño. También incluye cualquier empleo de un arma para dañar, aunque el resultado no haya sido grave. También se incluye aquí la destrucción grave de la propiedad familiar.



En la comunidad autónoma de Cantabria se ha llevado a cabo un "Taller para padres" en el que se enseña a los padres de hijos violentos a reeducarlos y cambiar su conducta. Este taller ha sido un éxito y en otoño se implantará en el resto de comunidades.

Lectura recomendada: Los hijos tiranos: El síndrome del emperador (Vicente Garrido)               










Próxima entrada: Entrevista a Elena Martínez Herrera (Educadora del Equipo de Intervención familiar del centro Territorial de Servicios Sociales de Torrelavega (Cantabria). Servicio de Atención a la Infancia, Adolescencia y Familia. ICASS del Gobierno de Cantabria. Nos explicará más sobre este tema.