jueves, 2 de octubre de 2014

ENFERMEDAD MENTAL ¿AVANCE O RETROCESO?


¿Quién es el enfermo mental?



Escrito por Ana Cazorla R. y Óscar Hdez.Mañas. 
Desde 1992 se celebra cada 10 de octubre el día mundial de la salud mental. Este día pretende sensibilizar a la población en general sobre la necesidad de prevenir y promover la salud mental.

¿En qué ha mejorado la sociedad sobre la visión del enfermo mental?

- Los manicomios se cerraron en 1986 en España debido a la aprobación de la Ley General de Sanidad, y se crearon unidades de salud mental.
- Se equiparó la persona con trastorno mental grave a las demás personas que requieren atención sanitaria de ámbito ambulatorio.
Estos pacientes pasaron de estar en condiciones infrahumanas a considerarse ciudadanos con derecho a un tratamiento digno.
- Nuevos fármacos fueron desarrollados.
- La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad de 2006 de las Naciones Unidas, reconoció los derechos de las personas con trastorno mental grave.


¿En qué estamos fallando?

- La sociedad sigue estigmatizando, sigue teniendo prejuicios sobre las personas que sufren trastornos mentales. Desde las instituciones públicas se deberían realizar campañas de sensibilización para acercar la realidad de estas personas a la sociedad.
- Tras diagnosticar a los pacientes, la atención psiquiátrica ambulatoria se limita a revisar la dosis del medicamento en sesiones de 10 o 15 minutos, en el mejor de los casos una vez al mes. La atención psiquiátrica debería tener como objetivos principales orientar y ayudar a estos pacientes a salir de la situación de bloqueo vital en la que se encuentra y no solo recetar fármacos.
- El 90% de estas personas está en situación de desempleo. Las instituciones públicas deberían promover el empleo con medidas icentivadoras y de descriminación positiva como el establecimiento de cuotas y porcentajes mínimos para este tipo de trabajadores.
- Los medios de comunicación siguen tratando de manera alarmista la enfermedad mental, lo cual se traduce en una profunda desinformación y un injustificado miedo por parte de la sociedad hacia estas personas. Deberían facilitarles el acceso a los medios de comunicación para que tengan su propia voz. 
- El cierre de los manicomios ha provocado que los familiares de las personas con trastorno mental grave se enfrenten solas, sin medios ni formación al cuidado de sus parientes. Las autoridades sanitarias deberían impulsar los tratamientos comunitarios integrales que comprenda la rehabilitación e integración en la sociedad.
- El porcentaje de psicólogos por habitante sigue siendo bajo en comparación con otros países occidentales. Actualmente las visitas a los psicólogos del sistema público de salud son de una vez cada mes o cada dos meses y su duración es inferior a media hora. Estos pacientes necesitan terapias psicológicas que requieren mucha más frecuencia y duración.
- Los tratamientos siguen siendo principalmente farmacológicos, aunque las investigaciones más recientes demuestran que los fármacos no solucionan el problema.
Los expertos en psiquiatría, psicología y neurociencia deberían investigar y desarrollar nuevas terapias en conjunto que aborden el problema de manera integral (rehabilitación, reinserción, integración laboral, planes individualizados de atención que contemplen todas las facetas de la persona). 
- La discriminación que sufren las personas con trastorno mental grave les impide disfrutar de un ocio de calidad. Mientras que en las personas sanas las actividades de ocio se presentan como una alternativa relajante frente al tiempo de trabajo, en muchos casos la persona afectada por un trastorno mental grave enfrenta un tiempo de ocio obligado normalmente por su situación de incapacidad laboral. Los organismos públicos y privados deberían contemplar la necesidad de programar actividades de tiempo libre que contribuyan a la potenciación de estas personas y prevengan el aislamiento social.
- El personal sanitario sigue estigmatizando a estos pacientes. Desde los médicos de atención primaria hasta los psiquiatras y enfermeros deberían tratarles como un paciente más de la sanidad, ya que siguen destacando su diagnóstico en cualquier informe sobre otras dolencias del paciente.
- A pesar de que existe la especialidad de enfermería en salud mental no se hace uso de estos especialistas en la atención ambulatoria y hospitalaria.
- Los pisos tutelados son escasos en comparación con la población afectada que necesitaría vivir en estos pisos para su mejora.
- El área de la salud mental siempre ha estado en estado de crisis; pero la actual crisis económica que se sufre en España desde 2007 ha empeorado su situación, esto se traduce en que las personas afectadas por un trastorno mental grave viven en un estado de incertidumbre e inestabilidad provocada por los recortes, en algunos casos con temor a perder sus pensiones no contributivas. Para mejorar esta situación los esfuerzos económicos destinados a prevención, atención precoz y continuidad de la atención deberían situarse a niveles anteriores a la crisis o incluso aumentar.
- La prevención en escuelas e institutos sigue siendo anecdótica. Existen programas específicos para aprender a gestionar las emociones, que tienen un papel predominante en el posible desarrollo de trastornos mentales; estos programas solo se imparten en algunas escuelas españolas.


Desde 1983 las familias se vienen organizando en asociaciones para mejorar la calidad de vida de las personas con trastorno mental grave pero sin embargo todos estos esfuerzos están sirviendo de muy poco debido a la dejadez de profesionales e instituciones. De hecho la estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2009-2013 se ha quedado en un documento de buenas intenciones que no se ha implementado por las comunidades autónomas ni la administración central.


El problema de la enfermedad mental es un problema de voluntad política, historicamente en este país las personas con trastorno mental grave NO han contado para las instituciones y sus políticos. La enfermendad mental no es un problema rentable que solucionar para los políticos.






viernes, 26 de septiembre de 2014

INTELIGENCIA EMOCIONAL


Se denomina inteligencia emocional a la habilidad para percibir, valorar y expresar las emociones adecuadamente y adaptativamente, es decir, la habilidad para:

-  Diferenciar e identificar que tipo de emoción estamos sintiendo y percibir qué emoción están sintiendo los demás. Ser consciente de los sentimientos que nos producen.

- Usar las emociones como medio de comunicación, para favorecer la toma de decisiones, para facilitar la solución de problemas y para hacer surgir nuestra creatividad.

- Comprender cómo las diferentes emociones se combinan, se relacionan entre sí, y la causa de cada emoción.

- Saber regular los sentimientos y enfocarlos hacia la causa y no hacia los demás.

Las personas con una buena inteligencia emocional son más flexibles mentalmente, tienen empatía hacia los demás, solucionan sus problemas más eficazmente y se adaptan a las diferentes circunstancias de la vida.

Las investigaciones que se han llevado a cabo sobre inteligencia emocional muestran claros resultados de que desarrollar esta habilidad es necesaria para mejorar nuestras relaciones sociales y nuestro autocontrol.

Las escuelas son los principales centros donde deberíamos recibir clases de educación emocional; empezar desde pequeños a conocer y regular nuestras emociones nos permitiría obtener buenos resultados en nuestra vida social y profesional, tan importante como recibir clases de Matemáticas, Ciencias Naturales o cualquier otra materia. También es un factor preventivo de trastornos mentales.

Muchos son los profesionales que se dedican actualmente a investigar en este campo, algunos de ellos son:

Eduemo, es un laboratorio de educación emocional de la UNED donde se investiga y se elaboran programas para implantar en las escuelas y hospitales.

Maite Garaigordobil, catedrática de evaluación psicológica, ha diseñado e implantado unos programas para niños de 4 a 12 años en escuelas del Pais Vasco. Estos programas se basan en unos juegos para niños, cooperativos y creativos, que fomentan el desarrollo social y afectivo-emocional de los alumnos, obteniendo muy buenos resultados. En estos juegos nadie pierde ni es eliminado, sus características son la participación, la comunicación verbal y no verbal, la cooperación (todos tienen que contribuir), la creatividad y la diversión. Además estos alumnos mejoran su atención, memoria, capacidad de simbolización y razonamiento lógico.

Raquel-Amaya Martínez González, doctora en Pedagogía, es la autora del programa-guía para el desarrollo de competencias emocionales, educativas y parentales. Este programa se imparte en escuelas de Asturias, en él participan alumnado, profesorado, padres y madres en las mismas sesiones.  
El objetivo de este programa es facilitar que los padres y madres adquieran estrategias personales, emocionales y educativas que les permitan implicarse de un modo eficaz en la construcción de una dinámica de convivencia familiar positiva y en el desarrollo de modelos parentales adecuados para los niños y jóvenes.  
                                                                       

Rafael Bisquerra Alzina, catedrático de orientación psicopedagógica de la Universitat de Barcelona, es director del Máster en Educación Emocional y Bienestar y del Máster en Inteligencia Emocional en la organizaciones de la UB,  patrono de la fundación Eduardo Punset y fundador de la FEM (fundación para la educación emocional), autor de varios libros sobre inteligencia emocional que podéis encontrar en el siguiente enlace: http://www.rafaelbisquerra.com/es/biografia/publicaciones/libros-basicos.html


A pesar de la importancia y validez de resultados de los programas e investigaciones, en España son pocos los colegios donde se imparten clases de inteligencia emocional...







sábado, 23 de agosto de 2014

LAS EMOCIONES






" No lloramos porque estamos tristes, estamos tristes porque  lloramos"
William James, 1842-1910, psicólogo, defendió erróneamente que primero se producía una reacción física y esa reacción provocaba la emoción ". 



Tristeza, alegría, asco, sorpresa, miedo, ira, y otras emociones, nos preparan para adaptarnos y actuar en un entorno que está en continuo cambio.

Las emociones maduran con la edad. Las emociones primarias, que se desarrollan desde el nacimiento hasta los seis meses de edad, son la ira, la tristeza, la sorpresa, el asco, el miedo y la alegría. A partir de los dos años y medio se desarrollarán todas las demás, las emociones secundarias, como la envidia, la empatía, el orgullo, la vergüenza o la culpa. Para estas últimas será necesaria una evaluación de nuestro propio "yo" y unas normas sociales que dependerán de cada cultura.

Las emociones primarias son universales, se caracterizan por tener un sustrato neural, unos sentimientos y una expresión facial específicos y distintivos, un procesamiento cognitivo propio, derivar de procesos biológicos evolutivos y manifestar propiedades motivacionales y organizativas de funciones adaptativas.

El procesamiento emocional consta de:
  - Unas condiciones que desencadenan las emociones: Estímulos externos o internos. Estos pueden producirse a través del oído, el olfato, el gusto, el tacto, por la actividad interna de nuestro organismo, por la actividad mental e incluso por un recuerdo. A veces son procesados automáticamente y no somos conscientes de lo que ha ocurrido.
- Una experiencia subjetiva o sentimiento que son producto del metabolismo neuronal. El sentimiento es reflejo de los cambios en la bioquímica y fisiología del organismo.
- Un procesamiento cognitivo, consciente o no, en el que evaluamos y valoramos el estado de activación y el contexto en el que se produce. Evaluamos las características afectivas y valoramos la situación según su significado personal.
- Unos cambios fisiológicos que preparan al organismo para la acción, para afrontar la situación. Cambios que se producen en el sistema nervioso central, periférico y endocrino. Aceleración de la respiración y ritmo cardíaco, cambios hormonales, cambios en la tensión arterial, sudoración y rubor entre otras.
- Unos patrones expresivos y de comunicación, verbales o no.
- Un efecto motivador que nos empuja a la acción.



Las emociones nos ayudan a responder a los estímulos que percibimos: La tristeza nos mantiene en estado de recuperación ante una pérdida y nos permite un análisis de la situación; la sorpresa facilita la aparición de una reacción emocional y conductual apropiadas ante situaciones novedosas e inesperadas; el asco prepara al organismo para rechazar y evitar las condiciones ambientales dañinas; el miedo nos activa para protegernos o huir de elementos peligrosos; la alegría reduce el estrés, la ansiedad, el enfado y permite una interacción social, la ira propicia conductas de defensa o ataque en situaciones desagradables o frustrantes.

El sentimiento es la experiencia subjetiva de la emoción. Es la evaluación que realizamos cuando nos enfrentamos a una situación. Son impresiones pasajeras y fugaces, en ocasiones apenas perceptibles.

 La experiencia subjetiva en la sorpresa es la sensación de "mente en blanco", incertidumbre; en el asco la repulsión; en el miedo sentimos pánico; en la alegría aparece una experiencia de "flujo"; en la tristeza sentimos pena; la experiencia subjetiva de la ira es la hostilidad.


Las emociones tienen varias funciones:
- Adaptativas: Preparan al organismo para la acción adaptándonos al medio. La sorpresa promueve la exploración, el asco el rechazo, la alegría la afiliación, el miedo la protección, la ira la autodefensa y la tristeza la reintegración.
- Sociales: Mediante ellas comunicamos a los demás nuestro estado de ánimo, avisan de si estamos malhumorados, felices o necesitamos soledad. Expresamos emociones mediante los gestos faciales, las posturas corporales, el tono de voz, la risa, incluso facilitan una comunicación artística mediante la música, la pintura, la escritura, etc.
Las emociones permiten una interacción social y activan nuestra empatía hacia los demás.
- Motivacionales: Las emociones pueden dirigir la conducta hacia una meta y regular la intensidad que necesitamos para alcanzarla. Las emociones nos motivan.

¿En qué situaciones experimentamos las diferentes emociones?
Sorpresa: La causa algún acontecimiento repentino e inesperado. Un suceso que discrepa de nuestro plan o esquema. Los procesos de pensamiento ordinarios quedan momentáneamente detenidos para procesar y evaluar lo que ha ocurrido y después surge otra emoción, positiva o negativa según la situación en la que nos encontramos. También es una respuesta al descubrir algo insospechado.
La sorpresa limpia el sistema nervioso de cualquier actividad que pueda interferir con el ajuste a un cambio imprevisto. La sorpresa es la emoción más breve de todas las primarias y puede ser una emoción tanto positiva como negativa.

Asco: Lo causa la textura, apariencia, olor o sabor de algunos alimentos, las secreciones corporales, el aspecto de algunos animales, ciertas conductas sexuales inapropiadas como tener sexo con animales, el contacto con cuerpos muertos, la visualización de trozos corporales, la falta de higiene, algunos objetos, olores pestilentes.
Si creemos que al ingerir un alimento o sustancia nos ha sentado mal generaremos un rechazo a ese alimento llamado seguridad aprendida que impedirá que queramos volver a comerlo, esta seguridad aprendida es elicitada por la emoción de asco y aumenta nuestra supervivencia. 

Miedo: Producido por un peligro presente e inminente, por la percepción de daño físico o psicológico. Por la presencia de algo amenazante o la ausencia de algo que nos proporcionaba seguridad y confianza. Muchas veces sentimos miedo por condicionamiento vicario, es decir, cuando vemos a alguien sintiendo miedo imitamos esa conducta y aprendemos a que esos estímulos son peligrosos para nosotros. Es una de las emociones más intensas y desagradables.

Alegría: Surge cuando la persona experimenta una atenuación en su estado de malestar, cuando se consigue una meta o un objetivo deseado o cuando tenemos una experiencia estética (presenciar algo bello). También podemos sentir alegría por lo sucedido a otra persona tanto por algo positivo o negativo.
La alegría hilarante es la alegría que se manifiesta mediante la sonrisa, la risa, o carcajadas, producida por situaciones cómicas o chocantes, por estimulación táctil (cosquillas), por ver a otros en ese estado o mediante algunas sustancias como el alcohol y las drogas. Estas sustancias también podrían inhibir la alegría.
La expresión de la alegría está sujeta a normas culturales que determinan cuándo, dónde y con quién puede expresarse esta emoción.

Tristeza:  La causan situaciones que nos suponen una pérdida o que nos acarrean algún perjuicio o daño. Surge cuando la valoración cognitiva que hace la persona le lleva a creer que no puede hacer nada por recuperar la meta perdida o el estado anterior en el que se encontraba. La pérdida o daño puede ser personal o afectar a otros allegados.También puede ocurrir cuando una situación es tan positiva y genera un gozo tan intenso que desborda la capacidad de la persona para manejarlo. 
Cuando una persona cree que su conducta voluntaria no influyen en nada en los logros que quiere conseguir, se desarrolla un estado psicológico llamado indefensión aprendida, marcado principalmente por la tristeza, esta indefensión aprendida está presente en el estado psicológico de una persona afectada por la violencia de género.

Ira: Surge cuando la persona se ve sometida a situaciones que le producen frustración o que le resultan aversivas como cuando se le impide el acceso a una meta o cuando se transgreden las normas o derechos. Cuando valoramos que el comportamiento de otra persona ha sido intencionado y que es merecedor de reprobación. Cuando tenemos el convencimiento de poder iniciar un plan de acción que haga posible el retorno a las condiciones originales previas. Cuando una acción aprendida no es seguida del resultado esperado, por ejemplo cuando echamos una moneda en una máquina expendedora de bebidas y la máquina se queda la moneda y no nos da lo que hemos pedido.
Otras situaciones que pueden generar ira es el dolor constante, el ruido intenso y repetitivo, los malos olores, el hacinamiento, y el frío o el calor excesivos.

Ansiedad: Es una actitud emocional. La causa las expectativas de peligro y el estrés. Los desencadenantes de la ansiedad no son situaciones que puedan dañar directamente a la persona, como ocurre con el miedo, sino que son reacciones aprendidas y anticipadas de amenaza. Es la interpretación anticipadora de la situación de amenaza o peligro que hace la persona.
El temor a la crítica, a la interacción social, al rechazo, a los conflictos, a la agresión. Temor relacionado con la muerte y las enfermedades. Miedo a perder el control, temores agorafóbicos, a viajar solo en tren o en autobús, a lugares públicos, etc.
Su experiencia subjetiva es la angustia.

Vergüenza y Culpa: Surgen cuando se da una evaluación negativa del yo, en la vergüenza es de carácter global y en la culpa es de carácter específico, referida a una acción concreta.

Felicidad: Es una actitud emocional. Aparece cuando se consiguen metas vitales y personales de índole global o específicas pero de gran relevancia en la vida de una persona. En el desarrollo de actividades congruentes con los valores personales más íntimos y en el de las propias potencialidades. Cuando conseguimos los fines anhelados, y el éxito en el desarrollo de nuestro plan de vida. También cuando es congruente nuestra vida real con nuestras expectativas y cuando nos comportamos acordemente con nuestros valores y forma de pensar. También está determinada por la interacción con los otros y por la comparación con ellos.


¿Qué ocurre cuando las emociones se vuelven en nuestra contra?

La sensibilidad al asco está asociada a varios trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia y es la base de algunas fobias y de los síntomas obsesivo-compulsivos.
Cuando la reacción de miedo es excesiva se produce un bloqueo emocional y de la acción, surgen trastornos de ansiedad, ataques de pánico, fobias y trastorno por estrés postraumático.
Una alegría incontrolable o extrema produciría un estado maníaco.
La tristeza extrema desemboca en la depresión.
Las dificultades en el manejo de la ira producen el desarrollo de enfermedades coronarias e hipertensión. La ira de carácter poco adaptado y violento aparece en trastornos como el déficit de atención, el estrés postraumático, el trastorno explosivo intermitente, y a otros trastornos de carácter sádico, límite y paranoide de la personalidad.


La inteligencia emocional es la habilidad para percibir, valorar y expresar las emociones adecuadamente y adaptativamente; la habilidad para comprender las emociones, el uso de los recursos emocionales y la habilidad para regular las emociones en uno mismo y en los demás.

Vivimos en un laberinto de emociones...

 




sábado, 22 de febrero de 2014

ENTREVISTA A CRISTÓBAL COLÓN (LA FAGEDA)


“…entramos a la sala, tenía forma rectangular, las mesas estaban colocadas alrededor de la sala dejando un estrecho pasillo entre ellas, rayos de sol se colaban por los cristales, esperábamos con expectación su llegada, la llegada de alguien que dio un giro radical a su vida para dedicarla a la sanación de personas que necesitaban encontrar un sentido a su existencia; entró a la sala, su mirada era decidida, firme, amable… estrechó nuestras manos, sus manos transmitían fuerza, ilusión, esperanza…”

                            

                  


Cristóbal Colón, psicólogo, fundador de "La Fageda", cooperativa catalana de iniciativa social sin ánimo de lucro, que tiene como finalidad la integración laboral  de las personas que padecen discapacidad intelectual o trastornos mentales severos en la comarca de La Garrotxa (Girona).



Cristóbal, ¿cómo surgió este proyecto social?

Del mundo de la psiquiatría en una época en los que había varios colectivos, personas con enfermedades mentales, disminuidas psíquicas,  pobres o marginadas por la sociedad; los manicomios eran entonces  un cajón de sastre… Nosotros quisimos montar un proyecto enfocado primero a enfermos mentales crónicos, pacientes internos del hospital psiquiátrico, y también a personas con discapacidad intelectual.  La nuestra es una comarca pequeña y entendíamos que en un solo proyecto podíamos acoger a estas dos tipologías de personas en contra de la opinión de mucha gente, fundamentalmente del mundo de la psiquiatría. Pero nosotros les decíamos que lo importante era el trabajo y no con quién trabajas; el trabajo era el hilo conductor de nuestro proyecto. Evidentemente treinta años de experiencia han demostrado que no hay ninguna incompatibilidad sobre todo desde la mirada que nosotros ponemos a la realidad.
A nosotros no nos gusta hablar de patologías ni de discapacidades, nos gusta hablar de capacidades, queremos mirar lo bueno y lo positivo que todos tenemos porque lo negativo no existe, solamente existe lo real y lo real son las capacidades, lo que la gente puede hacer. En realidad, todos tenemos algo negativo, nadie es perfecto. Nos centramos en lo que cada uno de nosotros es capaz de hacer y cuando miras eso, da igual que una persona tenga un diagnóstico de esquizofrenia o una disminución intelectual  porque ¿quién no tiene algo?...


¿Cómo decidís qué persona hace qué tarea?

No funcionamos bajo el concepto de la formación académica ni de los curriculums, pensamos que todo el mundo tiene capacidad para hacer algo, partimos de esta premisa, lo que no sabemos es para qué. A lo largo de los años hemos construido un proyecto en donde hemos intentando incorporar un abanico de puestos de trabajo y de actividades diversas,  desde llevar un tractor o una máquina de cortar césped. Tenemos un compromiso social con nuestro entorno, que consiste en que todas las personas de la comarca que tengan una discapacidad intelectual o una enfermedad mental crónica,  puedan trabajar aquí. No hacemos selección de personal, todo el mundo tiene aquí un puesto de trabajo.
Llegan aquí y cuando los conocemos,  les intentamos ubicar  en un puesto de trabajo en donde sobretodo tengan éxito, intentamos que no se frustren, por ello les  ponemos a hacer cosas muy sencillitas, porque los primeros temerosos de trabajar son ellos.
Algunas personas empiezan trabajando medio día a la semana, sobre todo las que han pasado por una crisis porqué tienen la autoestima por los suelos, una profunda inseguridad en sí mismas, por lo que a medida que van perdiendo el miedo van aumentando las horas de trabajo y al final acaban viniendo los cinco días de la semana ocho horas al día. Van explorando el mundo y van viendo que no son tan desastre como se pensaban y acaban siendo protagonistas de hacer los mejores yogures del mundo.

                                                        





¿Los psiquiatras de la comarca derivan a los enfermos a La Fageda?

Sí, nosotros en el fondo formamos parte de la red sanitaria, pero no somos sanitarios, no estamos ubicados orgánicamente en la consejería de sanidad. Somos una empresa privada independiente que no tenemos nada que ver con los psiquiatras pero sí hay un trabajo estrecho con la red psiquiátrica.
No le queremos dar al trabajador el estatus de paciente ya que  es un trabajador, será paciente cuando entra en la consulta del psiquiatra, pero aquí no. Nuestro equipo de psicólogos es el que valora si esa persona puede trabajar solo unas horas o tal vez la jornada completa.
Tratamos a la persona  con el objetivo de que ella misma acabe descubriendo que es alguien con muchas capacidades, las suyas, y acabe ocupando un puesto de trabajo. Se obran auténticos milagros porque algunas hubiesen estado toda su vida en una habitación y sin salir y aquí acaban siendo los fabricantes del mejor yogur del mundo. Eso es muy estimulante,  porqué si haces algo y te sale bien y vuelves a repetirlo y te vuelve a salir bien y además resulta que se venden muchos yogures y que todo el mundo dice que qué buenos son, pues se dan cuenta de que “no estoy tan loco como me decían si resulta que los hago bien”. Esa es la cuestión.


¿Dentro de la organización se da soporte al enfermo y a las familias con respecto a la enfermedad o discapacidad que padecen?

Claro, hay un seguimiento estricto de cada persona, porque nosotros en el fondo no somos una empresa, somos cuidadores de personas, pero hemos creado una estructura empresarial que es fundamental que funcione para poder cuidar a las personas.
No somos un proyecto empresarial, somos un proyecto social con una empresa dentro porque entendemos que es la mejor herramienta que podemos tener para cuidar a las personas. La empresa es un medio, el fin es que sean lo más felices posibles. A nosotros los yogures en el fondo no nos importan o nos importan mucho en la medida de que son importantes  para conseguir lo otro.
Trabajamos con las familias y con los psiquiatras para valorar lo que es más apropiado para esa persona pero con ellos  hablamos de otras cosas,  de que hay que trabajar, de que hay que hacerlo bien, etc. porque hay que “despatologizar”, es decir, hay que evitar que esa persona se identifique como un enfermo mental. Cuando se le pregunte: ¿tú quién eres? tiene que saber que es una de las piezas fundamentales en la fabricación del mejor yogur del mundo, que no se identifique con aquello de lo que padece, sino que se identifique con lo maravillo que es, porque todo el mundo sufre, todos tenemos nuestras patologías.
  

¿Podrían algunas de estas personas incorporarse a una empresa ordinaria?

Disponemos de un  servicio, el SIC (servicio de integración a la comunidad),  para aquellas personas que desean incorporarse a la empresa ordinaria. Los acompañamos a que puedan trabajar en ellas.  Cuando se incorporan a una plantilla saben que si allí fracasan pueden volver aquí. Nosotros les animamos a que exploren la posibilidad de tener un puesto de trabajo “normalizado” pero a veces no da resultado porque las normas son mucho más rígidas que aquí, y al final algunas prefieren volver pero también hay otras que continúan en la empresa ordinaria sin problemas.
Muchas empresas de la comarca nos admiran porque saben que hacemos el mejor yogur del mundo con personas muy especiales y opinan que quizás ellos también podrían incorporar a sus plantillas a estas personas ya que a La Fageda les ha dado tan buen resultado. 
Si estos empresarios creen que estas personas pueden ocupar puestos de trabajo en sus empresas, entonces nosotros les ponemos a su disposición el equipo que analizará el puesto de  trabajo que se debe cubrir, acompañarán a esa persona el tiempo que haga falta para que se adecúe al puesto de trabajo . Nuestra voluntad es que el empresario triunfe y que la persona que vaya allí como trabajador también , con lo que se hará todo lo posible para que eso funcione. Y si en el peor de los casos esa persona no funciona en ese puesto de trabajo, no tienen que despedirle, nosotros lo llevamos de vuelta a La Fageda y además le enviamos a otra persona en su lugar.


¿Utilizáis estrategias de marketing para promocionar vuestros productos?

Cuando empezamos a hacer yogures  nadie sabía que detrás había un proyecto social. Nunca hemos gastado nada en publicidad, sin embargo con el paso del tiempo hemos construido una marca potentísima con prestigio. Cada vez hay más gente que sabe que detrás hay este proyecto y ello  potencia todavía más el prestigio de la marca.
No  hemos salido en televisión diciendo “compre usted yogures de La Fageda y así hará una buena obra”. La gente ha probado el yogur, le ha encantado y solo sabe que está fabricado en La Garrotxa. Muchas personas  vienen aquí, a conocer este paraje y se quedan alucinadas viendo la belleza de este lugar, cruzan este bosque de cuento de hadas y en la visita  les explicamos quiénes somos. Y estas personas, cuando salen de aquí lo cuentan a otras y posiblemente no vuelven a comer un yogur diferente al nuestro.
                                              
                                                       



¿Qué consejos les darías a las personas que están interesadas en llevar a cabo un proyecto social parecido a este?

Todos pueden encontrar “su propio yogur”… es complicadísimo pero es posible, se puede lograr.
A mí personalmente, en este proyecto me iba la vida porque yo no quería volver al manicomio, no quería que ninguno volviera. Tenía una necesidad personal de salvarme. Siempre he tenido claro que mi vida tenía que tener un sentido y por lo tanto mi trabajo tenía que tener sentido,  con lo cual, lo que he hecho ha sido luchar a brazo partido por tener un puesto de trabajo que me diese satisfacción y además vocacionalmente quería hacer algo por los demás, dar sentido a mi vida ayudando a otras personas y no me quería quedar trabajando en el manicomio.
Fue entonces cuando vine aquí y empecé a trabajar y transmití a la gente que había a mi alrededor ese entusiasmo.
Cuando aquí montamos el negocio de los viveros, tuvimos que cambiar de estrategia muchas veces hasta encontrar la buena y cuando la encontramos no paramos de trabajar y de aprender y así llegamos a ser los primeros de toda España. 
Si no lo prueban nunca sabrán si les irá bien o mal. Y cuando lo prueben y no salga bien tienen que volver a probar sin hacer lo mismo. Ser listo significa saber que no sabes y significa preguntar y estudiar y hacer trabajo en equipo. Y cuando te equivocas hay que saber rectificar. La clave es insistir e insistir sabiendo que en ello te va la vida.




  
En La Fageda trabajan actualmente 112 profesionales, 114 trabajadores de CET (centro especial de trabajo) y 53 usuarios de diversos servicios del grupo. Se fabrican yogures de granja, diversos postres lácteos, mermeladas para maridaje y helados. La Fageda se encuentra en un entorno incomparable, rodeada de un frondoso bosque del mismo nombre. Las vacas escuchan música clásica a diario. El secreto de su éxito: Una labor llena de humanidad.




sábado, 11 de enero de 2014

LA FAMILIA Y LA ENFERMEDAD MENTAL







E.C, abogado, esposo y padre de tres hijos, uno de ellos padece esquizofrenia desde que tenía 16 años aproximadamente. E.C. nos cuenta su experiencia desde su perspectiva como padre:



“Mi hijo  iba muy bien en los estudios, pero en segundo de bachillerato empezaron a fallarle las notas, concretamente las asignaturas de letras. Los profesores ya se percataron de que tenía un problema; repitió segundo de bachillerato y lo aprobó justo, ahí empezamos a notar de que algo le pasaba, independientemente de que en el colegio de educación primaria los compañeros abusaron de él, abusaron en el sentido de que se burlaban de él por ser más retraído, más tímido que los demás. Y si soy sincero, en casa también, en el sentido de que tanto mi esposa como yo tenemos una personalidad fuerte, los dos trabajábamos y mi hijo se nos separaba de los parámetros. Yo tengo tres hijos, ninguno ha tenido ningún problema, yo creo que todo esto le nace porque a los dos años se quedó sin audición por problemas de vegetaciones y estuvo un tiempo sin oír bien.



A los 16 o 17 años escuchaba mucho tiempo música, estaba en su mundo y nosotros le forzábamos a salir de él;  un día se fue de casa, estuvo 2 noches fuera, durmió fuera de casa y no sabíamos dónde podría estar. Él se metió en sus ideas, escribía y escribía fórmulas matemáticas, fórmulas sin sentido…  Él ha tenido siempre una ansiedad de protagonismo de saber, estudiar, investigar; se pone a escribir y escribe cosas sin sentido. Algunas veces cogía lo que escribía y se iba a la universidad para ver si se lo podía enseñar a alguien y hace poco intentaba explicar una fórmula de física a otra persona por teléfono… y está así desde los 18 años, ahora tiene 37 años.


Siempre nos preguntamos el por qué y por qué…


La enfermedad es difícil reconocerla porque pasa por diferentes épocas, en algunas mi hijo está bien y en otras está muy mal. Él necesita apoyo, cuanto mejor estemos los familiares más podremos estar con él; si te lo tomas mal no puedes ayudarle. Yo me lo tomo de una manera distinta a como se lo puede tomar por ejemplo mi esposa. Ella se resigna a la enfermedad, como a pensar que esto es lo que nos ha tocado vivir, y yo siempre busco maneras de mejorarla, siempre estoy en el tajo de buscar, y espero que dentro de 20 años esto no sea como ahora y  haya mejorado mucho, la esperanza nunca la pierdo. Pero cada vez es más difícil pensar que en algún momento esto se solucionará.

Mientras yo lo pueda evitar mi hijo no acabará en un psiquiátrico, lo que necesita es compañía; yo le doy la medicación, lo lleva al psiquiatra; por lo menos sé lo que hace, para mí sería más sufrimiento para él estar en un psiquiátrico que no que esté en casa.


Las crisis suelen coincidirle en otoño, de finales de septiembre a principios de octubre; ahora mi hijo lleva tres meses de crisis y si se le pasa harán falta otros tres meses para estar medianamente bien. Cuando tiene épocas buenas él se relaciona, tiene amigos, incluso tiene un íntimo amigo que conserva de hace muchos años. Cuando empieza a estar mal no llama a sus amigos, se mete en su mundo y no quiere saber nada de nadie.


Él se interesa mucho por estudiar, el año pasado quiso matricularse en filosofía y en primero de grado de cerámica artística; él es técnico administrativo y técnico en cerámica.  Estando mal terminó el BUP, FP 1 y FP 2, obtuvo el título de técnico administrativo.

Él siempre quiere estudiar y pasó años muy buenos en la escuela de cerámica. A él le gustaba ir y hacer amistades. Acabó los estudios de cerámica pero le faltaba hacer el proyecto, no quería presentarse por el hecho de no tener que hablar en público, por miedo a hacer el ridículo, quería hacerlo a puerta cerrada; con ayuda de un amigo y de mi hija consiguió hacer el proyecto y presentarlo a puerta cerrada, el proyecto era sobre arte abstracto.


Yo creo que a mi hijo no le falta inteligencia para poder hacer lo que quiera pero sí le falta vida… conocimientos prácticos… experiencias como tener una novia, que nunca ha tenido ninguna, siempre ha tenido la desgracia de no haberse podido relacionar con ninguna mujer de una manera íntima.


Una psiquiatra nos dijo que estábamos muy perdidos y nos aconsejó que buscáramos una asociación para enfermos mentales, y buscando en internet encontré una asociación que más tarde desapareció, pero encontré también un centro especializado en esquizofrenia, Museo, muy bien en el aspecto de la enseñanza y entendimiento de la enfermedad, íbamos mi mujer y yo cada quince días, eso nos ayudó a entender la enfermedad, a entender cómo funciona la mente de nuestro hijo. Les pedí si podían tratar a mi hijo, le hicieron un test  y lo aceptaron. Él iba a regañadientes, porque el problema es que no se quieren ver reflejados en los demás enfermos, ellos creen que están mucho mejor que los demás, entonces ir a un centro en el que cada paciente está deteriorado de una forma distinta es muy deprimente. Él no quería ir, la verdad es que los centros son deprimentes, entonces entre estar en un centro a estar en una escuela de cerámica, como fue su caso, pues no tiene color. Allí trataba con gente más o menos normalizada y no tiene color.

En este centro conocí a la presidenta de una asociación para la salud integral del enfermo mental, de la que ahora somos socios.



También hemos ido a psicólogos, incluso estuvimos en un instituto de psicología tanto nosotros como mi hijo, pagabamos por trimestres y podíamos ir siempre que lo necesitáramos, por decirlo de alguna manera, pero no nos solucionaron mucho.



Yo no escondo la situación de mi hijo, si tengo que explicarlo por algún motivo lo explico, pero no siento ningún estigma por eso, pero no todos los familiares son así, no se atreven a decirlo ni a sus familiares más allegados.



La sociedad no entiende la enfermedad mental, pero no la entiende porque si no la entendemos ni los familiares de los enfermos, como lo van a entender los demás… ni siquiera los médicos lo saben y con el tema de la medicación ellos van probando pero está todo en el aire.



Mi consejo para las personas que se encuentran con una situación similar a la mía es que el entorno familiar es fundamental para mejorarla, el entorno familiar para mi es lo primero, es entenderlo; los padres tienen que entender la enfermedad y es difícil de entender y muchos no la quieren entender… dan la espalda a la enfermedad.



Mejorar el entorno familiar es fundamental para llevar el día a día.”